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Te prometi (2)

Última respuesta: 24 de julio de 2007 a las 18:54
22/7/07 a las 23:29

Has vuelto Bella Dama, veo que te gusto el cuento, note que te dormias, y preferi dejar de contartelo, deje que en tu imaginacion soñases con el caballero, el cuento como en la vida real, puede tener momentos alegres y momentos tristes, deje de contralo por que venia un momento de tristeza, pero no te apenes mi niña, de verdad que no, si te entra ese temor o si te entra esa pena cogete fuerte a mi, sientete protegida, dejate llevar por mis palabras, sientete como una niña, apoya tu cabeza entre mis piernas cierra los ojos y sigue escuchando, sientete la princesa:

Princesa y caballero se cogieron de las manos, mirándose fijamente a los ojos, el se acercaba a ella, prendado de su belleza, iba a abrazarla a besarla, de repente el caballero cayó desplomado inerte, entre el follaje se veía la cola del dragón teñida de sangre, esa cola que había dado un certero y letal golpe al caballero, la princesa cayó de rodillas sobre el cuerpo ya sin vida del caballero, desolada, derramando lagrimas, temblando, acariciándolo, sintiendo como el calor de su cuerpo iba desapareciendo, el alma del caballero se desvanecía entre los dedos de la princesa, el dragón salió de su escondite, ella con rabia y odio en su mirada lo miró, en su interior se preguntaba porque?, el dragón se iba acercando, de sus ojos brotaban lagrimas que se derramaban por su hocico humeante, consciente en su interior del daño que había causado a su princesa, ella aterrada se levanto salió corriendo entre lloros, pena, temor , odio y rabia, en su carrera caía, se levantaba, apenas veía, sus lagrimas le nublaban la vista, mientras el dragón cogió entre sus fauces el cuerpo del caballero, emprendió el vuelo y lo dejo caer en el lago. La princesa llego al castillo, maltrecha de las caídas, con arañazos en su piel, sus ropas rasgadas, la guardia la ayudo, la llevo a sus aposentos, la reina fue a curar sus heridas, el Rey al enterarse del suceso corrió hacia los aposentos de su hija, ella apenas podía mediar palabra, balbuceaba lo sucedido, por su ventana se vislumbraba el dragón, volando en círculos alrededor del castillo, observándola. El Rey reunió a su pequeño ejército, dando orden de acabar con la vida del dragón, los soldados veían imposible matar semejante bestia. El dragón volaba alrededor del castillo observando, buscando con su mirada la princesa, algún incauto desde las almenas, intentaba lanzarle una lanza, pero el dragón respondía con una lengua de fuego, era aterrador sentir sus llamas ese fuego intenso, morir abrasado. Después de ese desconcierto llego la calma, el dragón no atacaba, solo merodeaba, vigilaba, estaba pendiente de su princesa.
La pobre princesa apenas salía del castillo ante el temor del animal que la acechaba, si lo hacía era acompañada por su guardia que la escoltaba, cada vez que salía el dragón la sobrevolaba, expectante, sin dejar a nadie que se le acercara. El Rey ante la impotencia, mando emisarios a otros reinos para pedir ayuda, para acabar con la vida del dragón. Algunos caballeros vinieron, todos de tierras lejanas, engalanados con brillantes armaduras prominentes espadas, deslumbrantes escudos, unos muy valientes, otros arrogantes y osados, pero todos acababan mal heridos, derrotados, incluso algunos perdían la vida entre las llamas. Nadie conseguía vencer ni matar al dragón, nadie liberaba a la princesa de su cautiverio, ella seguía sola, apenada, triste, sin amor, su vida se marchitaba, solo podía dar paseos por su bosque por su lago, sin temor al dragón, pues él la quería, la amaba, y por eso no dejaba que ningún caballero se acercara. Cada noche el dragón desde el cielo revoloteaba y se acercaba a su ventana, la miraba, velaba sus sueños hasta que ella despertaba, el se iba a su morada.
Un día apareció un caminante, envuelto en una capa que le cubría el cuerpo hasta los pies con una capucha que ocultaba su rostro, su vestimenta era andrajosa, denotaba descuido, su capa llena de cosidos, solo se veían una larga barba descuidada, unas melenas de cabello que sobresalían de su capucha, era un mendigo en su mano portaba una larga vara en la que se apoyaba, esta estaba labrada por símbolos y dibujos extraños, en su espalda un fardo, acampó en el bosque a la orilla del lago, bajo la atenta mirada del dragón que lo sobrevolaba, no le dio importancia parecía un viejo, que podía temer de él, de un viejo y andrajoso mendigo, como podía temer de alguien que no lucia una armadura brillante, de alguien que no empuñaba una espada, pero que equivocado estaba el dragón, como bestia que era, ignoraba que no tan solo las armaduras brillan.
Una tarde la princesa en sus paseos de soledad y tristeza, encontró al mendigo tumbado entre la hierba, durmiendo, ella lo observaba, vio lo que parecía un cuerpo desaliñado, largas barbas, no vislumbraba su rostro estaba oculto bajo su capucha y esos pelos que le cubrían, ella se fue a alejar ante el temor de esa figura, al hacerlo piso unas ramas secas, el ruido despertó al mendigo, que rápidamente se abalanzo sobre su vara, cogiéndola, protegiéndola, al momento él se fijo en la dama, quedo prendado de su belleza, no medio palabra, la princesa quedo inmóvil del pánico, él se dirigió a ella, no temáis bella dama, no es mi intención haceros ningún daño, solo busco cobijo y descanso en estas tierras, soy un caminante que no tiene destino, voy errante por los caminos, ella ante la cálida voz del mendigo quedo cautivada, le explico que esas tierras eran de su padre el Rey, que podía acampar, pero que tuviese cuidado con el dragón, ella se fue al castillo, y no paraba de pensar en el mendigo, al día siguiente volvió, él le empezó a contar historias de sus viajes, ella quedaba prendada de sus historias, de esos lugares tan maravillosos que había recorrido el mendigo, la voz le cautivaba, la seducía, sin verlo, ella en sus noches, en sus sueños pensaba en él. El mendigo se enamoro de su belleza, de su hermosura, los días pasaban, en ellos el amor crecía, ella se encantaba con las historias que el mendigo le contaba, pero sabia en su interior que había algo oculto, algo escondía el mendigo, pero ella le amaba, lo deseaba, un día ella le pidió que mostrara su rostro, quería verlo, quería quitarle la barba, cortarle esa melena descuidada que le cubría, el no se negó, se sentó al lado de la orilla del lago, ella cogió una navaja, el se quito la capucha, su rostro cubierto de bello, no dejaba ver su cara, solo se veían sus ojos, ojos de intensa mirada, ella empezó a afeitarle, iba descubriendo su cara, no era un viejo, era un hombre joven, bello para ella, sus labios eran carnosos, perfilados, empezó a cortarle la melena, mientras ella lo aseaba él le explico su lado oculto, no era un caminante, no era un mendigo, el había luchado en mil guerras, había batallado en infinitos lugares, había conocido el amor y la muerte, y ya cansado de tanta sangre derramada, erraba por el mundo acompañado de su arco, buscando la paz, el olvido de esas batallas, el era arquero, un mercenario, un señor de la guerra, su vara realmente era el estuche de su arco, un arco diseñado especialmente para él, un regalo de un rey por haber salvado a su pueblo de la tiranía de un invasor, mientras ella seducida por su voz, por su historia, por la belleza que iba descubriendo, le iba despojando de su capa, iba viendo un cuerpo hermoso, nunca lo hubiese imaginado, bajo esos harapos tanta belleza, un cuerpo musculoso, largos brazos y fuertes piernas, cicatrices de esas batallas, ella se deshacía en deseo, el arquero desnudo cogió de la mano a la princesa, se metieron en el lago, bañados por esas cálidas aguas, el la iba desnudando, acariciando, ella se perdía en sus caricias, en sus besos, se sentía amada, deseada, el arquero la abrazaba, la deseaba, la poseía, se fundían sus cuerpo en el agua, el aroma de la princesa se esparcía por el bosque, ese aroma que se desperdigaba, llego a la morada del dragón, al oler esa esencia sus ojos enrojecieron, se llenaron de odio, de ira, emprendió el vuelo, buscando desde el cielo a la princesa, planeaba, en el lago vio los cuerpos fundidos, el de su princesa, abrazada a alguien, trazo un vuelo bajo y se dirigió hacia ellos, el arquero lo vio se separo de su princesa, la obligo a correr hacia la orilla, y a esconderse entre los arbustos, el dragón se dirigía ciego por los celos hacia el arquero, el arquero desnudo, desarmado veía como el dragón se dirigía a él, el dragón aspiro aire, su cuerpo se hincho, ya cerca iba a soltar esa bocanada de aire convertida en fuego, para acabar con la vida del arquero, el arquero astuto aspiro profundamente llenando sus pulmones de aire, se sumergió y buceo rápidamente hacia otro lugar del lago, escapando a las llamas, el dragón lanzo una bola de fuego, el agua en esa zona hervía, el arquero se acerco a la orilla, el dragón lo buscaba, miraba si había acabado con su rival, el arquero camuflándose entre el follaje llego a su vara, empezó a montar su arco, el dragón lo vio, se dirigió a él, dispuesto a acabar con su vida, la princesa lloraba, temía por el arquero, gritaba al viento, gritaba a su dragón que dejase libre al arquero, el dragón en su empeño, volvió a atacar, el arquero salto al lago se sumergió, en el fondo del lago monto su arco, cogió una sola flecha, su punta era de oro, sabía que solo tendría una oportunidad, sería el fin del dragón, o el suyo junto con el amor que sentía por su princesa.
Desde el fondo del lago veía la sombra del dragón que planeaba por encima de él, buceando se dirigió a la orilla opuesta, salió a la superficie, el dragón desde el otro extremo lo observo, y empezó el vuelo hacia el arquero, mientras el arquero desnudo desafiante, poso sus pies firmemente en la orilla del lago, sus piernas tensas sostenían su cuerpo, sus brazos tensaron el arco, la flecha entre sus dedos destellaba bajo el sol, su cabeza se posicionaba, sus ojos apuntaban al dragón, en ese momento por su mente aparecieron las imágenes de su vida que rápidamente pasaban, todos sus recuerdos, y sobre todo el último y más bello, la imagen de su princesa, del amor que sentía por ella, de las caricias, de sus besos. El dragón cada vez más cerca, el arquero, cerró los ojos se centro, los volvió a abrir, dejo de recordar, se volvió frio calculador, tenía delante a su despiadado enemigo, tenso mas el arco, tenía que calcular el lanzamiento, tenía que afinar la puntería, no podía fallar, si lo hacia se acabaría todo, el dragón empezó a inspirar aire, se preparaba para el ataque, el arquero veía como se hinchaba el cuerpo del dragón, sabía que cuando expirase de su boca saldría un mar de fuego, espero fríamente, un segundo mas, otro más, finalmente dejo deslizar la flecha entre sus dedos, se produjo un silencio solo roto por el silbido de la flecha que rompía el aire trazando una línea hacia el cuerpo del dragón, por su boca abierta empezaba a vislumbrarse humo, un aviso de lo que sería después una llamarada de fuego de destrucción. La flecha destellaba por los reflejos del sol en su camino, finalmente penetraba en el cuerpo del animal, el ambiente se cubre por un grito de dolor de la bestia, el dragón se retuerce en el aire, esa bocanada no llega a salir de su boca, su piel blanca brillante por el sol, empieza a teñirse de negro, los gritos son aterradores, el dragón empieza a arder en sus propias llamas, que salen de su interior, arde en el aire se va consumiendo en su fuego, el cielo se tiñe de negro. El arquero impasible, mira como se va consumiendo el dragón, que se va convirtiendo en cenizas rápidamente, cenizas que se esparcen por el aire, algo brillante cae en el lago, ya del dragón no queda nada, sus cenizas se las ha llevado el viento que las esparce por el bosque, el arquero se lanza al agua, en busca de ese objeto brillante, rastrea el fondo, lo encuentra, lo recoge, nada hasta la orilla, la princesa corre hacia él, envuelta en lagrimas, en alegría, se abrazan, él le entrega el objeto, ella lo toma entre sus manos, lo mira, es el corazón del dragón envuelto en el oro fundido de la flecha, la flecha que ha acabado con su vida.

Hoy mi niña veo que no te has dormido, me has querido escuchar hasta el final, espero que te haya gustado, que te hayas sentido princesa, que te hayas sentido una niña, yo lo he escrito para ti, el final del cuento se perdio en los tiempos, no se sabe que sucedio entre princesa y arquero, pero que sea tu imaginacion la que escriba ese final.



Josep

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23/7/07 a las :15

Impresionada!
Vaya mi admiración por ti y por tu destreza en la narrativa.
Un bello cuento!
Fue todo un placer leerlo.

Bela7

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23/7/07 a las :57

Hoy mi niña veo que no te has dormidoo???
Pero cómo narices se va a dormir?? ni ella ni nadie que esté leyendo tu cuento!!
En un ayy! me has tenido hasta el final,
Genial tú, me ha encantado, he sufrido con el dragón tanto como el arquero,uff!

Un besito
Belén.

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23/7/07 a las 16:38

No creo
que nadie se pueda dormir ante esta exposición de amor, eso es imposible, leyendo tu escrito haces que los corazones vibren y sientan ese amor que llevas dentro de ti, ya te dije que muchas quisieran ser tu bella dama, tu corazón esta lleno de amor y cariño y ella estará orgullosa de ti, eso no lo dudes, sigue deleitándonos con tus escritos que a las demás nos encanta como lo haces.
Muchos besos príncipe enamorado. María

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24/7/07 a las 18:54

No te has dormaindo????????
ni tu niña , ni yo , ninadie d los q estabamos leyendo atentos tu historia, y aunq quisieramos dormir, ni como hacerlo con esa maravilla d escrito, muy lleno de amor, fantasia, pero principalmente de muchisimo talento d tu paate.......
q maravillosa forma tienes para demostrar tu imaginacion y talento para la escritura...
me ha encantado tanto y tanto tu historia, me hizo regresar a aquellos dias en los q aun me gustaba pensar en princesas, reyes, reinas , cabelleros y dragones.........
cuentos de oro, etc.

felecidades......
adios..........

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